
La cera se consume, lentamente. Algunas gotas caen hacia abajo ensanchando la base que la sustenta derecha y firme. La llama tiembla inquieta, como si previera el final que le espera. La mano que la encendió también temblaba. El pensamiento estaba fijo en aquella idea que quedó plasmada en el aire a través del fuego. Del fuego que quema. La mirada restó durante un largo rato viendo la danza ritual del amarillo y del azul. Y al marchar, parte de él mismo, de su alma, quedó moviéndose al mismo ritmo.
Pero ahora, después de horas y horas de ligero movimiento, la vela se apaga. ¿Se apagará con ella el deseo que llevó a aquella mano a encenderla?
Una mano, una nueva, enciende con la llama de la vela casi agotada otra, también nueva. La danza se inicia de nuevo. El deseo se mantiene vivo.
17 de mayo de 2007
17 de mayo de 2007
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