Debo decírtelo.
Si no lo hago, reviento.
Debo decirte lo que pienso:
no estoy de acuerdo.
Seguro que tú dirás: ¡otra vez insistes!
Y tendrás razón.
insisto.
Lo haré las veces que sea necesario.
Una o mil.
¿De eso se trata, no?
Es lo que querías,
que dijera las cosas claras,
que dijera las cosas por su nombre.
¿Es que quizás has cambiado de opinión?
¿Te molesta escuchar
una verdad diferente a la tuya?
¿Quieres que sea hipócrita?
¿Quieres que te dé la razón?
Puedo hacerlo.
Pero no me sentiré bien.
Y tú tampoco.
Entonces, ¿qué hacemos?
¿Qué hago?
¿Sigo?
Sigo:
No estoy de acuerdo.
13 de septiembre de 2007
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