El discípulo se acerca lentamente.
Observa atento al maestro.
Está sediento.
Tiene sed de sabiduría.
Quiere aprender,
aprender del maestro.
Le mira,
le observa,
le escucha.
Intenta retener en su memoria
las imágenes,
las palabras,
todo aquello que le llena y le seduce.
El maestro observa al discípulo.
Percibe su sed e intenta sosegarla,
ofrecerle lo que tiene,
obsequiarle humildemente su experiencia.
Pero el maestro se siente temeroso.
Teme equivocarse,
teme no estar a la altura,
teme no saber dar
lo que el discípulo quiere recibir,
teme no saber indicar
el camino correcto a seguir.
Y también se siente dichoso.
Dichoso de poder aprender tanto del discípulo,
de impregnarse de su juventud,
de sentirse querido.
El discípulo observa al maestro.
El maestro observa al discípulo,
al amado discípulo.
Observa atento al maestro.
Está sediento.
Tiene sed de sabiduría.
Quiere aprender,
aprender del maestro.
Le mira,
le observa,
le escucha.
Intenta retener en su memoria
las imágenes,
las palabras,
todo aquello que le llena y le seduce.
El maestro observa al discípulo.
Percibe su sed e intenta sosegarla,
ofrecerle lo que tiene,
obsequiarle humildemente su experiencia.
Pero el maestro se siente temeroso.
Teme equivocarse,
teme no estar a la altura,
teme no saber dar
lo que el discípulo quiere recibir,
teme no saber indicar
el camino correcto a seguir.
Y también se siente dichoso.
Dichoso de poder aprender tanto del discípulo,
de impregnarse de su juventud,
de sentirse querido.
El discípulo observa al maestro.
El maestro observa al discípulo,
al amado discípulo.
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