viernes, 16 de febrero de 2007

Y sin decirse nada se besaron por primera vez

Suena el teléfono: llegaré antes, ¿vienes? El camino es corto pero se hizo eterno. Parecía como si hubiera más tránsito que nunca. Parecía que todos los semáforos habían decidido ponerse rojos a su paso. El objetivo era claro: llegar pronto. Llegar pronto para aprovechar cada fracción de tiempo para estar en su compañía. Llegar pronto para disfrutar de su presencia. Para respirar su aroma. Para escuchar la voz melodiosa. Para contemplar la brillantez de unos ojos cautivadores. Al llegar, los ojos brillaban más de lo habitual. Aquellos ojos decían: ven, acércate que esta mirada es hoy tuya, sólo tuya. Y al cruzarse con los suyos, supo que aquella tarde algo pasaría. De hecho, al recibir la llamada, ya intuyó que nada sería igual a partir de aquel encuentro. Los dos lo sabían...

Hubo pocas palabras, casi ninguna. Quizás un hola, ¿cómo estás? y poca cosa más. Y después un silencio. Un silencio ensordecedor. Un silencio de aquellos que dicen más que cualquier palabra... Y sin decirse nada se besaron por primera vez. El mundo fue de pronto otro mundo. Los deseos se hicieron realidad a pasos gigantescos. Los sueños de ambos se convirtieron en realidad. Se inició un camino sin regreso... Un camino lleno de dudas y problemas, de intimidad, de pasión y alegría. Lleno de intensidad y, incluso, quizás de pesadillas. Lleno de... ¿futuro? Pero con un gran motor impulsor: amor.

El pacto quedó sellado. Y tal y como intuyeron, nada fue igual después de aquel primer beso.

26 d’abril de 2006

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