Hace unos años, con un grupo de amigos, estubimos haciendo un taller de escritura. Cada mes proponíamos un tema y además de buscar material de autores, escribíamos sobre la propuesta. Una de las veces el tema fue la muerte. Éste es mi trabajo.
RECUERDOS Y PALABRAS DE AMOR AHORA QUE ESTÁS MUERTO
I
Te amé con toda mi alma.
Siempre.
Hasta el último instante.
Te deseé como nunca he deseado nadie:
anhelaba el momento en qué nuestros cuerpos
se volverían a encontrar.
Necesitaba sentirte entre mis brazos,
Necesitaba sentirte entre mis brazos,
hasta cuando tu cuerpo dejó de ser esbelto y robusto;
necesitaba acariciar cada milímetro de tu piel,
incluso cuando perdió su suavidad
para dar paso a una infinidad de arrugas;
necesitaba expresarte mis sentimientos,
incluso cuando casi no escuchabas mis palabras;
necesitaba estar contigo,
incluso cuando los dos sabíamos que Ella
no tardaría a aparecer.
Y cuando Ella llegó luché.
Sí, lo hice pese a saber que perdería.
Me sentaba a un lado de la cama
y Ella lo hacía al otro.
Y esperábamos.
Los dos esperábamos.
Yo te hablaba del pasado,
de todo el que habíamos hecho juntos.
Ella lo hacía del futuro,
de todo lo que te esperaba.
Y tú luchabas con los dos:
contra mí cuando el futuro se te ofrecía atractivo
y contra Ella cuando los recuerdos del pasado
te traían directamente hacia el amor
que nos habíamos profesado.
Así durante meses y meses
hasta aquel maldito jueves,
radiante y lleno de luz,
de aquellos días dónde la vida se vuelve vida,
porque parece que en una jornada como esa
nada malo puede suceder.
Tú te rendiste
a los encantos de un futuro lejos del sufrimiento y la angustia
y te marchaste con Ella.
Y yo no estaba...
Ella te llevó
y yo ni siquiera pude decirte por última vez
“te quiero, amor mío”.
Y te fuiste por siempre jamás.
II
Tu cuerpo joven, fuerte y bello
resta inerte.
Parece dormido.
Lo está... por siempre.
Tus labios no volverán a sonreír
(sólo en mis recuerdos).
Tus ojos no llorarán nunca más
(sólo en mis recuerdos).
Tus dedos no se enlazarán con los míos
(sólo en mis recuerdos).
Tu voz no me dirá te amo
(sólo en mis recuerdos).
¡Quiero que despiertes!
¡Que sonrías, que llores,
que enlaces tus dedos con los míos,
que me ames!
Pero restas inerte.
Restas dormido... por siempre jamás.
Y cuando la tumba levante su muro
y las flores den color
a la realidad cruel
de una muerte demasiada repentina,
tú restarás sólo en mis recuerdos.
III
¿Porqué ha de ser ahora,
cuando ya no estás,
que me doy cuenta de tantas cosas?
¿Porqué ha de ser ahora
que quiero decirte,
una y otra vez,
te amo?
¿Porqué ha de ser ahora
que necesito decir,
mil veces,
perdóname amor?
¿Porqué ha de ser ahora
que deseo más que nunca
tocarte, besarte,
tenerte otra vez entre mis brazos?
¿Porqué ha de ser ahora,
cuando ya no estás?
IV
Ando por la casa
recorriendo los espacios que compartimos,
dónde nos amamos.
Tu olor todavía se percibe...
Te busco por todos los rincones,
pero no estás.
Nunca más volverás a ser.
La gente me rodea,
pero no hay nadie.
Me hablan para consolarme,
pero no hay consuelo.
Todo está vacío y frío.
Yo también...
Grito tu nombre,
pero no hay respuesta.
Cierro los ojos y te busco en la memoria,
pero la oscuridad que me domina
no permite que te encuentre.
Y todo está frío y vacío.
Yo también...
¿Qué hacer para volver a estar contigo?
¿Ser Romeo?
¿Ser Julieta?
Quizás ese es el camino,
el único para estar juntos de nuevo.
El camino que tú seguiste.
Un camino que no tiene regreso.
V
Tu cuerpo ultrajado y deteriorado
primero por la enfermedad
y ahora por la muerte,
envuelve la dignidad
de alguien que supo
lo que es amar
y lo que es sentirse querido.
Tu cuerpo será polvo pronto,
pero nada podrá con el amor dado,
con el amor recibido,
que restarán siempre
y serán nuestro recuerdo.
*
enero de 1999
para dar paso a una infinidad de arrugas;
necesitaba expresarte mis sentimientos,
incluso cuando casi no escuchabas mis palabras;
necesitaba estar contigo,
incluso cuando los dos sabíamos que Ella
no tardaría a aparecer.
Y cuando Ella llegó luché.
Sí, lo hice pese a saber que perdería.
Me sentaba a un lado de la cama
y Ella lo hacía al otro.
Y esperábamos.
Los dos esperábamos.
Yo te hablaba del pasado,
de todo el que habíamos hecho juntos.
Ella lo hacía del futuro,
de todo lo que te esperaba.
Y tú luchabas con los dos:
contra mí cuando el futuro se te ofrecía atractivo
y contra Ella cuando los recuerdos del pasado
te traían directamente hacia el amor
que nos habíamos profesado.
Así durante meses y meses
hasta aquel maldito jueves,
radiante y lleno de luz,
de aquellos días dónde la vida se vuelve vida,
porque parece que en una jornada como esa
nada malo puede suceder.
Tú te rendiste
a los encantos de un futuro lejos del sufrimiento y la angustia
y te marchaste con Ella.
Y yo no estaba...
Ella te llevó
y yo ni siquiera pude decirte por última vez
“te quiero, amor mío”.
Y te fuiste por siempre jamás.
II
Tu cuerpo joven, fuerte y bello
resta inerte.
Parece dormido.
Lo está... por siempre.
Tus labios no volverán a sonreír
(sólo en mis recuerdos).
Tus ojos no llorarán nunca más
(sólo en mis recuerdos).
Tus dedos no se enlazarán con los míos
(sólo en mis recuerdos).
Tu voz no me dirá te amo
(sólo en mis recuerdos).
¡Quiero que despiertes!
¡Que sonrías, que llores,
que enlaces tus dedos con los míos,
que me ames!
Pero restas inerte.
Restas dormido... por siempre jamás.
Y cuando la tumba levante su muro
y las flores den color
a la realidad cruel
de una muerte demasiada repentina,
tú restarás sólo en mis recuerdos.
III
¿Porqué ha de ser ahora,
cuando ya no estás,
que me doy cuenta de tantas cosas?
¿Porqué ha de ser ahora
que quiero decirte,
una y otra vez,
te amo?
¿Porqué ha de ser ahora
que necesito decir,
mil veces,
perdóname amor?
¿Porqué ha de ser ahora
que deseo más que nunca
tocarte, besarte,
tenerte otra vez entre mis brazos?
¿Porqué ha de ser ahora,
cuando ya no estás?
IV
Ando por la casa
recorriendo los espacios que compartimos,
dónde nos amamos.
Tu olor todavía se percibe...
Te busco por todos los rincones,
pero no estás.
Nunca más volverás a ser.
La gente me rodea,
pero no hay nadie.
Me hablan para consolarme,
pero no hay consuelo.
Todo está vacío y frío.
Yo también...
Grito tu nombre,
pero no hay respuesta.
Cierro los ojos y te busco en la memoria,
pero la oscuridad que me domina
no permite que te encuentre.
Y todo está frío y vacío.
Yo también...
¿Qué hacer para volver a estar contigo?
¿Ser Romeo?
¿Ser Julieta?
Quizás ese es el camino,
el único para estar juntos de nuevo.
El camino que tú seguiste.
Un camino que no tiene regreso.
V
Tu cuerpo ultrajado y deteriorado
primero por la enfermedad
y ahora por la muerte,
envuelve la dignidad
de alguien que supo
lo que es amar
y lo que es sentirse querido.
Tu cuerpo será polvo pronto,
pero nada podrá con el amor dado,
con el amor recibido,
que restarán siempre
y serán nuestro recuerdo.
*
enero de 1999
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