Algo cae.
No lo puedes evitar.
Te lanzas a una carrera inútil.
Das un salto imposible.
Gritas.
Te estiras todo lo que puedes
en un intento final de salvar la situación.
Pero no llegas.
El fatal desenlace se consuma.
Los huevos ha rodado imparables
cayendo apresuradamente al vacío
y estrellándose contra el suelo.
La tragedia te rodea,
se apodera de ti:
te has quedado sin cena.
4 de octubre de 2007
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