Como cada mañana sale precipitado de su habitación para llegar el primero al baño. Cierra la puerta con pestillo y una leve sonrisa se dibuja en sus labios: ha vuelto a ganar. Se quita el pijama, también apresuradamente, quedándose sólo con unos calzoncillos blancos con rallitas. También tiene unos rojos, unos azules y unos verdes. Todos con rallitas: a su madre le deben gustar las rallitas. Se observa en el gran espejo. Lo hace detenidamente. Mira su torso, levanta el brazo para verse la axila, después las piernas... Se acerca para observarse más de cerca la cara. Finalmente y muy lentamente, como si esperara una sorpresa, se baja los calzoncillos quedando completamente desnudo y observando así la intimidad que escondían. No hay novedades. Y mientras se vuelve a vestir resignado, piensa en las palabras que le dijo su padre aquel día: hijo mío, llegarán cambios, verás como tu cuerpo se transforma para dejar de ser niño y convertirte en el hombre que serás.
27 de septiembre de 2007
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