
lunes, 12 de marzo de 2007
Escenario
El escenario está vacío. Todo está oscuro y frío. Parece que la vida haya pasado de largo dejando este espacio huérfano y solitario. Unas voces lejanas llegan como una hebra de esperanza, como un aire renovador que intenta poner en marcha de nuevo la vieja maquinaria del teatro. De golpe las luces se encienden, poco a poco, una tras de otra y ahora vacío y oscuridad son color. Las voces se acercan hasta formar parte del propio escenario y, ahora sí, la vida ocupa cada milímetro. Empieza la función. Los actores se olvidan de si mismos, se transforman y, con luces, decorado y vestuario, congelan el presente para llevar al espectador, que abre ahora todos sus sentidos, hasta cualquier lugar dónde la imaginación del autor ha sido capaz de llegar. La función será un éxito, seguro. Siempre lo es porque es capaz de crear vida en la oscuridad y el frío. Finalmente las luces se apagarán de nuevo, las voces desaparecerán y se bajará el telón. Y mañana, como por arte de magia, habrá una nueva función.
Cincuenta y dos semanas, un año
Pip-pip... Pip-pip...
Abres los ojos.
Oscuridad rota por un pequeño rayo de luz.
Silencio.
Quizás el rumor del viento.
La persiana se levanta.
El sol.
La luz.
El día.
Los ojos se fijan en el horizonte.
Recuerdos.
La noche pasada.
Furtivo en la oscuridad.
Un objetivo.
Claro.
Vigilas.
Buscas.
Encuentras.
Está entre las manos.
Observas.
Tocas.
Hueles.
Ojos que se cierran.
Sonrisa en los labios.
Respiración profunda.
¡Es tuyo!
¡Sólo tuyo!
Cincuenta y dos semanas, un año.
Mucho tiempo esperando.
Y al fin es tuyo.
¿Quizás un sueño?
¡No!
Realidad.
Comprobación inmediata.
Lo sientes sobre la piel.
Bien ajustado.
Es real.
Es tuyo.
Está contigo.
Está en ti..
24 de febrero de 2007
Abres los ojos.
Oscuridad rota por un pequeño rayo de luz.
Silencio.
Quizás el rumor del viento.
La persiana se levanta.
El sol.
La luz.
El día.
Los ojos se fijan en el horizonte.
Recuerdos.
La noche pasada.
Furtivo en la oscuridad.
Un objetivo.
Claro.
Vigilas.
Buscas.
Encuentras.
Está entre las manos.
Observas.
Tocas.
Hueles.
Ojos que se cierran.
Sonrisa en los labios.
Respiración profunda.
¡Es tuyo!
¡Sólo tuyo!
Cincuenta y dos semanas, un año.
Mucho tiempo esperando.
Y al fin es tuyo.
¿Quizás un sueño?
¡No!
Realidad.
Comprobación inmediata.
Lo sientes sobre la piel.
Bien ajustado.
Es real.
Es tuyo.
Está contigo.
Está en ti..
24 de febrero de 2007
Hoy vuelve a llover sobre el mar
Hoy vuelve a llover sobre el mar. Como aquella vez, ¿recuerdas? Hoy mis pies me han llevado de nuevo hasta el mar. Como aquella vez. Pero entonces me sentía indiferente. Ni angustiado, ni contento, ni enamorado. Simplemente indiferente. Siento el olor tan característico del agua de mar (este olor me sigue transportando a otra dimensión...) Veo el horizonte como se dibuja ante mis ojos. Parece todo como aquella vez. Con la mirada clavada en este horizonte llego hasta el límite que me permite mantener los pies en tierra firme. ¿Tierra firme? ¡Nada de eso! Las olas que rompen ante mí me pillan, me rodean, suben por mis pantalones hasta llegar a las rodillas. Siento la humedad en los pies prisioneros de los zapatos (quizás los deberé tirar después de esto). ¡Soy feliz!
Levanto la cabeza al cielo y dejo que el agua que baja desde las nubes cubra mi rostro. Y el hechizo, como aquella vez, ha obrado el milagro de nuevo.
Hoy vuelve a llover sobre el mar y la felicidad arraiga profundamente en mi espíritu.
20 de febrero de 2007
Levanto la cabeza al cielo y dejo que el agua que baja desde las nubes cubra mi rostro. Y el hechizo, como aquella vez, ha obrado el milagro de nuevo.
Hoy vuelve a llover sobre el mar y la felicidad arraiga profundamente en mi espíritu.
20 de febrero de 2007
Pascua 2004
He encontrado este escrito que elaboré tras la Pascua del 2004, celebrada en el Monasterio de Les Avellanes. Es el relato de una experiencia vivida que me marcó muy profundamente. Seguro que habrá quien pensará que es una tontería. Respeto su opinión y sólo deseo que ellos respeten mi pensamiento y mis creencias.
Soy actor. Cuando estás sobre el escenario representando un papel, eres tú quien controla la situación. Es el actor quien mueve los hilos del personaje. No puedes permitir que los sentimientos del individuo que representas pasen por encima de los tuyos. Es una cuestión de supervivencia: terminarías loco si cada vez que actúas te desprendieras de ti mismo y la personalidad del personaje te controlara a ti.
Monasterio de Las Avellanas. Pascua de 2004. Viernes Santo. Lectura de la Pasión de Jesús de Natzaret. Yo, el actor, represento a Jesús. Soy yo quien controla al personaje: sus movimientos, sus gestos, sus miradas, las palabras, la intención con que son dichas esas palabras... Con plena conciencia llevo a mi personaje por donde deseo. Lo modelo a mi gusto, al gusto del espectador.
“Aquí tenéis al hombre...” Las palabras de Poncio Pilato son la clave para avanzar hasta el centro de la nave. Una voz sigue narrando, mientras otras de entre el público empiezan a murmurar una palabra que poco a poco se convierte en un clamor: “¡crucifícalo!” Forma parte del guión... Un vacío inesperado se apodera de mi. Miro a mi alrededor y no veo nada. Solo siento voces. “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” Se clavan en lo más profundo de mi ser... Yo, Jesús de Natzaret, me siento vulnerable, traicionado, ultrajado, abandonado... Y yo, el actor, vacío y frío... terriblemente solo!
La representación continua, pero ahora todo es pura inercia. No soy yo quien tiene el control. Es una fuerza inexplicable... Me siento instrumento para comunicar un mensaje. Me dejo llevar por... ¿Él?
Todo ha terminado. La cruz está en el centro de la nave y Jesús de Natzaret está allí, inerte. Y yo, el actor, quedo en un rincón absorto en mis pensamientos, intentando asimilar la experiencia vivida, intentando encontrar respuesta a todas las preguntas que asaltan ahora mi mente.
Es difícil encontrar respuestas. Es difícil encontrar una explicación. O quizás la respuesta es sencilla y única: he sido OKUPADO POR EL CRISTO.
Monasterio de Las Avellanas. Pascua de 2004. Viernes Santo. Lectura de la Pasión de Jesús de Natzaret. Yo, el actor, represento a Jesús. Soy yo quien controla al personaje: sus movimientos, sus gestos, sus miradas, las palabras, la intención con que son dichas esas palabras... Con plena conciencia llevo a mi personaje por donde deseo. Lo modelo a mi gusto, al gusto del espectador.
“Aquí tenéis al hombre...” Las palabras de Poncio Pilato son la clave para avanzar hasta el centro de la nave. Una voz sigue narrando, mientras otras de entre el público empiezan a murmurar una palabra que poco a poco se convierte en un clamor: “¡crucifícalo!” Forma parte del guión... Un vacío inesperado se apodera de mi. Miro a mi alrededor y no veo nada. Solo siento voces. “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” Se clavan en lo más profundo de mi ser... Yo, Jesús de Natzaret, me siento vulnerable, traicionado, ultrajado, abandonado... Y yo, el actor, vacío y frío... terriblemente solo!
La representación continua, pero ahora todo es pura inercia. No soy yo quien tiene el control. Es una fuerza inexplicable... Me siento instrumento para comunicar un mensaje. Me dejo llevar por... ¿Él?
Todo ha terminado. La cruz está en el centro de la nave y Jesús de Natzaret está allí, inerte. Y yo, el actor, quedo en un rincón absorto en mis pensamientos, intentando asimilar la experiencia vivida, intentando encontrar respuesta a todas las preguntas que asaltan ahora mi mente.
Es difícil encontrar respuestas. Es difícil encontrar una explicación. O quizás la respuesta es sencilla y única: he sido OKUPADO POR EL CRISTO.
(Nota: el lema de la Pascua 2004 fue "Okupados por el Cristo")
Una fuerza desconocida me empuja
Camino. Como siempre. Una fuerza desconocida, ¿quizás Dios?, me empuja a hacerlo. Sigo el camino. El camino me aleja y a la vez me acerca. El sol me calienta, es agradable sentirlo encima la piel. Hace algo de viento. Es fresco. Contrarresta el calor del sol. La naturaleza me rodea. La observo. A más que miras, más colores surgen de cada rincón. Los colores me rodean. Se apoderan de mí. Soy parte de ellos. Soy parte de la naturaleza. Sigo andando en medio de verdes, marrones, azules... Las piedras me atraen, me llaman. Me paro. Tomo una entre las manos. Siento su forma en mis dedos. La huelo. Tiene aroma de tierra. De tierra húmeda. Me siento parte de ella, soy parte de la tierra. Reemprendo el camino. Hace subida y cuesta. La respiración se acelera. El andar es más lento. Llego al final de la subida. Las ruinas de una casa me llaman a explorarlas. Entro y me muevo en medio de piedras caídas y de vigas de madera malogradas por la carcoma. ¿Qué secretos esconden? ¿De qué son testigos? Escucho atentamente. El viento, que sigue soplando, parece traer la respuesta: son testigo del pasado. Pero este pasado se hace presente en cada piedra para perdurar en el tiempo. Dejo las ruinas y el camino me lleva hasta un cruce. Debo decidir: izquierda o derecha. Pero hay una tercera opción que es volver atrás. Miro a una banda, miro a la otra, me giro y echo una ojeada al camino recorrido. Vuelvo. Esta es la opción. Por la misma senda que ahora no es la misma. Ahora tengo el sol de cara y el viento sopla a mi favor. Veo otros colores, otras piedras, una naturaleza nueva observada con unos ojos diferentes porque ahora tienen la experiencia vivida unos cuántos minutos antes. Es el mismo camino y a la vez diferente. Y además del viento, me empuja un objetivo que antes no tenía: al final del camino encontraré mi casa y a mis hermanos. Y cuando mañana salga de nuevo a andar lo haré con la convicción de que siempre tendré un lugar dónde regresar.
11 de febrero de 2007
11 de febrero de 2007
Como tantas otras veces

Como tantas otras veces, el sueño se repite: el muchacho de tersa piel, sonrisa seductora y mirada profunda se acerca lentamente hacia mí. Como siempre viste únicamente una pequeña pieza de ropa, ajustada, que tan solo cubre la intimidad del muchacho y que hace volar la imaginación del espectador que intuye el secreto que esconde. En su cuello, una fina cadena de plata que realza su belleza… Pero hoy el sueño es especial. Sí, porque hoy el bello muchacho tiene una piel tersa y conocida: la tuya… Su sonrisa seductora se dibuja en unos labios conocidos: los tuyos… Su mirada penetrante sale de unos ojos conocidos: los tuyos… Hoy el muchacho de la fina cadena al cuello es alguien conocido: tú. Y la emoción invade a este loco soñador que pide ansioso una y otra vez que hoy, especialmente hoy, ese sueño sea pronto una realidad.
Cuando el pasado retorna
Cuando el pasado retorna...
¿El pasado? Imposible. Nunca vuelve el pasado. El sol aparece día a día en el horizonte e ilumina la vida con sus rayos. ¿Es eso el pasado que retorna? ¡No! Cada madrugada es diferente de la anterior. Te enamoras, sientes aquella emoción especial en el estómago, no dejas de pensar en aquella persona, como te ha pasado otras veces. ¿Es también esto el pasado que retorna? ¡Tampoco! Porque no hay dos amores iguales, son únicos e irrepetibles. Y ahora vives una situación que ya habías vivido. El pasado que retorna ¿verdad? No es así, aunque te lo parezca. Porque ahora tienes la experiencia de aquella primera vez y por lo tanto ya no es igual que entonces. Ahora es un nuevo presente que se ha de afrontar con una nueva personalidad. Porque tú tampoco eres quien eras en aquel pasado.
6 de febrero de 2007
¡No te bajes los pantalones!
Música suave.
La mesa preparada.
Dos velas encima.
Otras muchas distribuidas por el espacio.
Para ambientar.
Incienso que aromatiza.
Canela.
El timbre suena.
Tú.
Miradas, sonrisas.
Comida ligera, postre, café.
Una chocolatina.
Sutiles caricias por debajo de la mesa.
¿Vamos al sofá?
Manos enlazadas.
Más caricias.
Palabras al oído.
Cuchicheos.
Manos que buscan.
Rincones inexplorados.
Pasión.
¡Espera!
¡No te bajes los pantalones!
Déjame que lo haga yo mismo.
31 de gener de 2007
La mesa preparada.
Dos velas encima.
Otras muchas distribuidas por el espacio.
Para ambientar.
Incienso que aromatiza.
Canela.
El timbre suena.
Tú.
Miradas, sonrisas.
Comida ligera, postre, café.
Una chocolatina.
Sutiles caricias por debajo de la mesa.
¿Vamos al sofá?
Manos enlazadas.
Más caricias.
Palabras al oído.
Cuchicheos.
Manos que buscan.
Rincones inexplorados.
Pasión.
¡Espera!
¡No te bajes los pantalones!
Déjame que lo haga yo mismo.
31 de gener de 2007
¿Qué harías si no tuvieras miedo a nada?
¿Qué harías si no tuvieras miedo a nada?
Afrontar cualquier situación.
Pillar el toro por los cuernos.
Decir lo que pienso,
siempre.
Hacer “puenting”.
Enviar a quien ya sabes a la mierda.
Decirte que te amo.
Fuera las dudas.
Besarte.
Acariciar una serpiente.
Y tantas y tantas cosas que no digo...
por miedo.
¿No tener miedo a nada?
No soy capaz de imaginármelo,
el miedo siempre ha estado presente.
¿Tú sí?
¿Se puede vivir sin miedo?
No tener miedo a nada...
24 de enero de 2007
Afrontar cualquier situación.
Pillar el toro por los cuernos.
Decir lo que pienso,
siempre.
Hacer “puenting”.
Enviar a quien ya sabes a la mierda.
Decirte que te amo.
Fuera las dudas.
Besarte.
Acariciar una serpiente.
Y tantas y tantas cosas que no digo...
por miedo.
¿No tener miedo a nada?
No soy capaz de imaginármelo,
el miedo siempre ha estado presente.
¿Tú sí?
¿Se puede vivir sin miedo?
No tener miedo a nada...
24 de enero de 2007
Una mirada, una palabra, una sonrisa
Una mirada, una palabra, una sonrisa.
Una mirada...
Los ojos cerrados.
Y cuando se abren...
se desvían,
huyen de otras miradas.
Una palabra...
Mudo.
No dices nada.
El silencio se puede cortar.
Una sonrisa...
Labios impasibles.
Inexpresivo total.
Una lágrima en el rostro.
Hoy no hay miradas,
ni palabras,
ni sonrisas.
Hoy te echo de menos.
17 de enero de 2007
Una mirada...
Los ojos cerrados.
Y cuando se abren...
se desvían,
huyen de otras miradas.
Una palabra...
Mudo.
No dices nada.
El silencio se puede cortar.
Una sonrisa...
Labios impasibles.
Inexpresivo total.
Una lágrima en el rostro.
Hoy no hay miradas,
ni palabras,
ni sonrisas.
Hoy te echo de menos.
17 de enero de 2007
Por tierras africanas
- Lo encontraré – se dijo a sí mismo. Aquel reto se convirtió en el objetivo número uno de su existencia. Nada le podría detener. Se prometió no desfallecer. Sacaría las fuerzas de dónde fuera y al final lo conseguiría. Después, viviría sólo para saborear el éxito de su aventura.
Y así fue que se puso en marcha. Hiciera lo que hiciera, fuese dónde fuese, estuviera con quien estuviera, siempre estaba atento. Nada no pasaba desapercibido a su mirada. Escrutaba todo su entorno. Se fijaba en las palabras de la gente que se cruzaba en su camino para extraer información. Una vez, viajando por tierras africanas, le pareció ver el final de la aventura. Tan sólo fue una falsa alarma. Un espejismo producido por el afán de poder abrazar la victoria.
Hoy, pasado el tiempo, sigue su búsqueda. Continúa observando y escuchando. No desfallece. Sigue adelante, siempre adelante. Y su alma conserva intacto el reto con el que se comprometió en un tiempo ya pasado.
10 de enero de 2007
10 de enero de 2007
Acaba uno, pero llega otro
Acaba uno, pero llega otro. Así que tranquilo, no te quedarás sin. Eso sí, esta vez no desaproveches la ocasión. Debes hacer todo el posible por conseguirlo. Luchar sin tregua. Buscar los recursos necesarios. No puedes permitir que se acabe otro sin llegar a la meta. ¡Tú puedes! ¡Seguro! Adelante pues. El mundo es tuyo, hoy, mañana, siempre. Sal decidido, con determinación, seguro de ti mismo. Sólo la plena confianza te llevará al final. Lo quieres, ¿verdad qué sí? Lo deseas, ¿cierto? ¡Hazlo pues!
Y si finalmente este también se termina y no lo has logrado, tranquilo, que llegará otro. Esta es la ventaja de ser humano: siempre puedes seguir soñando.
3 de enero de 2007
Cuando la voz se pierde
Di una palabra.
Di la palabra.
La palabra que quiero escuchar.
La palabra deseada.
Palabra mágica.
Palabra.
¡Habla!
¡Debo oírla!
¡Necesito escucharla!
Es vital....
como el agua.
¿La dices, por favor?
Silencio...
Cuando la voz se pierde...
no hay palabras,
no hay palabras.
Ni siquiera la palabra,
ni siquiera la palabra.
¿No puedes decirla?
¿No tienes voz?
Sonríe-me pues.
La palabra resonará,
igualmente,
en lo más profundo de mi ser
27 de diciembre de 2006
Di la palabra.
La palabra que quiero escuchar.
La palabra deseada.
Palabra mágica.
Palabra.
¡Habla!
¡Debo oírla!
¡Necesito escucharla!
Es vital....
como el agua.
¿La dices, por favor?
Silencio...
Cuando la voz se pierde...
no hay palabras,
no hay palabras.
Ni siquiera la palabra,
ni siquiera la palabra.
¿No puedes decirla?
¿No tienes voz?
Sonríe-me pues.
La palabra resonará,
igualmente,
en lo más profundo de mi ser
27 de diciembre de 2006
Llegado de lejos, se adentró en lo más profundo de las almas
Llegado de lejos, se adentró en lo más profundo de las almas. Su mirada era diferente. Sus gestos eran diferentes. Sus palabras eran diferentes. Y cautivaba. Te transportaban a otra dimensión. Eran... no sabría decir muy bien cómo eran. Pero no te dejaban indiferente y te hacían lanzar, sin poderlo evitarlo, a vivirlas. Las vivimos tanto cómo pudimos, con intensidad, con pasión, con deleite. Y tal y como llegó, se fue. Pero las palabras perduraron. Todavía hoy perduran. Y en el más profundo de las almas se mantiene el deseo de verle aparecer de nuevo algún día.
20 de diciembre de 2006
20 de diciembre de 2006
También piña, verduras y un kilo de patatas
El timbre suena insistentemente. No quieres abrir. Todavía no. Olvida que está sonando... Lalalalalala.... ¡Ya abro! Entra como una exhalación. Va directo a la nevera. ¡Pero si la tienes vacía! Habla, habla, habla. No deja de hacerlo. Pero no sé que dice. Prefiero no saberlo. De las bolsas que trae en las manos saca leche, yogures, zumo... También piña, verduras y un kilo de patatas. Tal y como ha llegado, se marcha. Cierro de nuevo con llave y regresa el silencio añorado. No sé porque ha venido, todavía me quedaba una naranja y un plátano.
13 de diciembre de 2006
13 de diciembre de 2006
Naranjas, limones y unos cuantos plátanos
Naranjas, limones y unos cuántos plátanos. ¿Suficiente para sobrevivir un par de días? ¿Quizás tres? Seguro que sí. Y si persistía la inapetencia de las últimas semanas podría todavía aguantar más tiempo sin salir a la calle. Hoy por hoy era una necesidad vital dejar de existir para los demás, ser habitante solitario de su mundo personal. Mirar durante un tiempo hacia dentro para poner orden, para hacer limpieza, para volver a encontrarse. Tarea difícil esta, sobre todo cuando los otros son parte vital de ti mismo. Pero era necesario hacerlo. Era la única opción: cerrar con llave por dentro durante un tiempo para después poder salir de nuevo con la mente abierta a nuevas expectativas.
6 de diciembre de 2006
6 de diciembre de 2006
Cuando el objetivo es ganar
¡Adelante!
¡Siempre adelante!
No tengas miedo!
No mires atrás!
¡Confía en ti mismo!
¡Cierra los ojos y lánzate al vacío!
¡Siempre adelante!
Pisa a quien sea...
cuando el objetivo es ganar todo vale!
...
Debo ser un perdedor.
29 de noviembre de 2006
¡Siempre adelante!
No tengas miedo!
No mires atrás!
¡Confía en ti mismo!
¡Cierra los ojos y lánzate al vacío!
¡Siempre adelante!
Pisa a quien sea...
cuando el objetivo es ganar todo vale!
...
Debo ser un perdedor.
29 de noviembre de 2006
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