Llegado de lejos, se adentró en lo más profundo de las almas. Su mirada era diferente. Sus gestos eran diferentes. Sus palabras eran diferentes. Y cautivaba. Te transportaban a otra dimensión. Eran... no sabría decir muy bien cómo eran. Pero no te dejaban indiferente y te hacían lanzar, sin poderlo evitarlo, a vivirlas. Las vivimos tanto cómo pudimos, con intensidad, con pasión, con deleite. Y tal y como llegó, se fue. Pero las palabras perduraron. Todavía hoy perduran. Y en el más profundo de las almas se mantiene el deseo de verle aparecer de nuevo algún día.
20 de diciembre de 2006
20 de diciembre de 2006
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