lunes, 12 de marzo de 2007

Escenario

El escenario está vacío. Todo está oscuro y frío. Parece que la vida haya pasado de largo dejando este espacio huérfano y solitario. Unas voces lejanas llegan como una hebra de esperanza, como un aire renovador que intenta poner en marcha de nuevo la vieja maquinaria del teatro. De golpe las luces se encienden, poco a poco, una tras de otra y ahora vacío y oscuridad son color. Las voces se acercan hasta formar parte del propio escenario y, ahora sí, la vida ocupa cada milímetro. Empieza la función. Los actores se olvidan de si mismos, se transforman y, con luces, decorado y vestuario, congelan el presente para llevar al espectador, que abre ahora todos sus sentidos, hasta cualquier lugar dónde la imaginación del autor ha sido capaz de llegar. La función será un éxito, seguro. Siempre lo es porque es capaz de crear vida en la oscuridad y el frío. Finalmente las luces se apagarán de nuevo, las voces desaparecerán y se bajará el telón. Y mañana, como por arte de magia, habrá una nueva función.

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